Ante el contexto de crisis actual en nuestro país, muchas empresas centran sus esfuerzos de ventas en los mercados exteriores de Europa y del mundo. Para ello, realizan estudios de mercado y de posibles canales de distribución, se informan de todos los requisitos logísticos, legales y arancelarios aplicables, estudian posibles partners en el mercado de destino, definen su target y evalúan y adaptan sus productos para hacer viable su comercialización en los países de exportación elegidos.

Aquellas empresas que pueden permitírselo realizan una campaña de marketing específica en el mercado de destino; las que no, intentan tener como mínimo parte del material (folletos, manuales, contratos…) traducido y una página web a varios idiomas. También las hay que intentan acceder al mercado extranjero, el alemán, por ejemplo, con el material traducido únicamente al inglés, cuando de todos es sabido que es tres veces más probable que una persona compre un producto cuando dicho producto se le vende en su idioma materno.

La gran inversión que supone la salida a un mercado exterior provoca que, la mayoría de las veces, cuando se llega a la fase de traducción de todo el material el presupuesto sea muy reducido y se intente precisamente recortar gastos en la traducción de folletos o en la web multilingüe de la empresa, es decir, en la TARJETA DE PRESENTACIÓN de la empresa.

Si una empresa es capaz de pagar un fotógrafo profesional para que realice fotos profesionales de sus productos e instalaciones, ¿por qué no es capaz de pagar un traductor profesional para que traduzca correctamente los textos que van a acompañar esas imágenes? La imagen de su empresa no depende solo del diseño gráfico, sino de cómo se exprese en el idioma de sus compradores potenciales.

[Continuará…]
La internalización y las empresas de traducción (I)

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